En el Santuario Refugio La P.E.P.A. trabajamos principalmente (¡pero no solo!) para salvar vidas de animales no humanos. Nuestros esfuerzos se centran en brindarles una segunda oportunidad lejos de la explotación y el maltrato que han sufrido anteriormente, y hacer que VIVAN BIEN. Para nosotros esto significa vivir con dignidad, llenos de cariño y mimos, y por supuesto con los cuidados necesarios para garantizar su bienestar físico y psicológico.

Para ellos hemos establecido un Protocolo de Acogida que aplicamos sin excepción a cada nuevo habitante. Desde el instante en que recibimos un aviso de un animal que necesita ayuda, nos ponemos en marcha y seguimos los siguientes pasos:

Recopilamos toda la información posible sobre la situación del animal: motivo del rescate, estado de salud, personas de contacto, alternativas mejores donde pueda vivir, etc.

Estudiamos las necesidades específicas del animal, para valorar si contamos con los recursos necesarios para hacer del Santuario-Refugio la P.E.P.A. su nuevo hogar.

Esto implica tener en cuenta aspectos tan relevantes como:

  • Espacio requerido por cada especie para vivir de la manera más normalizada posible. Por ejemplo, mientras los cerdos necesitan una charca donde mojarse y rebozarse en barro para proteger su delicada piel del sol (no solo para jugarJ), los patos necesitarán poder bañarse tranquilamente en agua limpia en lo más parecido a un estanque. Tenemos en cuenta si contamos con el espacio suficiente para adaptar el medio a sus necesidades.
  • Tiempo de cuarentena. Valoramos en cada ocasión el lugar y el tiempo que cada animal deberá permanecer en cuarentena, y no es lo mismo habilitar un lugar de cuarentena para un gatito que…¡para un caballo! Resulta imprescindible realizar los periodos de cuarentena para velar por la salud del nuevo habitante y de todos los habitantes anteriores. De esta manera, evitamos el contagio de enfermedades infecciones o parásitos, además de realizar el proceso de introducción en el grupo de animales de manera progresiva.
  • Cuidados específicos. Cada animal puede necesitar cuidados muy específicos según su origen y problemas de salud física y psicológica con los que haya sido rescatado. Desgraciadamente, muchos animales al ser rescatados traen consigo traumas y desconfianza hacia las personas. A menudo estos problemas pueden resultar más difíciles de superar o al menos, más lentos, que los problemas físicos. Con mucho amor y mucha paciencia, es posible ayudarles a aprender a vivir felices y sin miedo.
  • Capacidad de acogida. Por último es fundamental contar con los recursos necesarios que garanticen el bienestar del nuevo animal. Recursos de dos tipos:

    * Personas voluntarias que nos ayuden en el cuidado de los animales y en el mantenimiento de las instalaciones.

    * Fondos económicos para hacer frente a los gastos que no hacen más que aumentar. El esfuerzo de todos merece la pena por ellos.