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Pepitos desde el 8 de mayo de 2015

Tres de los “rositas” que viven actualmente en el Santuario proceden de la industria alimenticia. En concreto, ellos salvaron sus vidas, paradójicamente, por haber sido víctimas de un accidente de camión en Ceniceros, Logroño, mientras se dirigían a una granja de engorde donde vivirían hacinados hasta llegar al matadero y después a los supermercados. Un mes tras el accidente, el 8 de mayo de 2015 llegaron al Santuario, con tan solo 3 mesecitos. Ahora tienen espacio de sobra para jugar, correr, dormir en la posición que les apetezca…, cosas que no conocían. Estos cerdos están modificados genéticamente, “hechos” para estar en naves industriales, sin conocer la luz del sol. Su piel no está preparada para el sol, por lo que los primeros meses, al vivir en el sur, necesitaban que se les pusiera mucha protección solar. Ahora ya han aprendido a embarrarse ellos mismos para protegerse y disfrutan de largos baños de lodo. Teo nos dejó el verano de 2017 tras un golpe de calor y Chato en enero 2018, por un fallo cardiaco. El corazón de los rositas es muy sensible y es muy común que se produzcan este tipo de infartos. Debido a las modificaciones genéticas a las que están sometidos, su cuerpo no está preparado para soportar su peso. Punky y Jano son de los pepitos más traviesos, no hay valla ni obstáculo que se les resista, cuando quieren entrar en un sitio.

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